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domingo, 14 de agosto de 2011

El Miniño


El Miniño

Por Don Mario Ramirez Centeno

1a Entrega

1a Edición Digital
2a Edición General

Copyrigth 2000 Mario Ramirez Centeno
Fundación Arte, Cultura, y Sociedad A.C. Respalda legalmente el trabajo del autor.


Nota a la edición:
Este libro es una “Navela”, hecha para el viaje, y ha sido plagiado de múltiples maneras como la del robo de la personaje “La Reina de los Barrios del Norte” hoy transmutada por los ladrones de Pérez Reverte, las editoriales que la han publicado y las televisoras que la han vuelto telenovela y película como “La Reina del Sur”. De igual manera múltiples películas sobre el narco en Hollywood y ha sido fundador del hoy género de la “narconovela”, disfruten esta edición de lectura libre, que busca volverse mediática, multimedia, webart y on line, restringuido sólo en cuanto a la reproducción. Será presentada bajo entregas en esta versión revisada.


Apuntes acerca de la Narconovela y la Navela “El Miniño”

Estableciendo distancias y señalando paradigmas, así como derribando clichés y acusaciones falsas, se podrían decir muchas cosas en torno al fenómeno mundial de este, hoy considerado, subgénero literario transitorio. En primer instancia, aunque se ha señalado que el mercado de la narconovela pretende ser el clasemediero semiilustrado del centro del país, lo que es cierto es que este subgénero, como fenómeno de mercado se consume más en otros idiomas como un producto cultural para conocer el mundo “hispano” o latino. Novelas como las de Elmer Mendoza o las de otros del mismo tipo, rayan en un costumbrismo muy al estilo de Truman Capote e incluso dentro de la misma tradición del realismo costumbrista mexicano de novelistas como Luis G. Inclán y Mariano Azuela. Fuera un tanto de ese costumbrismo y ya dentro de aspectos relacionados con la literatura de la onda estan novelas que tocan el tema muy adentrados como “El cadaver errante” de Gonzalo Martré y otras literaturas que lo tocan de soslayo o como contexto pero no como tema.
El caso de “El Miniño” es el de una “Navela”, o dentro de la tradición de las “antinovelas” y las “nivolas”, presenta una libertad absoluta de estilo que sólo su caracter experimental y posmoderno le da ese permiso dándose el lujo de verdaderos experimentos gramaticales donde juega con las convenciones de la prosa, no sólo eliminando al narrador, sino incluyendo juegos de palabras, albures, groserías, canciones, poemas performativos, performances linguales y experimentos de diversa índole llegando al extremo delirante de mezclar diversos elementos del realismo sucio americano y el realismo mágico latinoamericano, que incrementan la tensión narrativa con dramáticas fabulaciones siempre girando en los flashes estrámboticos y estrobóticos del narco mexicano, mientras juega con la simbología y la mitología de las religiones diversas del narco en estas latitudes.
Se ha acusado a la "narconovela" de mil tonterías, como que promueve “valores” pervertidos de la sociedad, que es “una apología del crimen”, “escuela del crimen y la prostitución”, pero ni los escritores, como artistas, están obligados a jugar el papel de sacerdotes, policías o jueces para promover una moral determinada y conveniente sólo a algunos manipuladores sociales, ni son criminales y, por lo mismo, mucho menos “maestros del crimen”. Acusaciones de ese tipo sólo buscan detener su éxito de ventas y reprimir con una cacería de brujas injusta a un arte que busca expresarse.
El papel de los escritores no es el de los políticos, aunque sean políticos, al momento de escribir, lo hacen en primer instancia como una “necesidad expresiva”, utilizando una herramiento de uso social común que es el lenguaje, para comunicarse relativamente claro con sus lectores y hacerlos disfrutar o conmocionarse con sus historias. Y contar historias es fabular, especular, jugar con la belleza y fealdad del mundo, y con los siglos de desarrollo de técnicas literarias, como parte de una disciplina artística como oficio o cofradía, no como propagandista de un partido político, una secta determinada o una moral grupuscular, sino para hacer arte. Ni siquiera el betseller más espectacular del mundo puede aspirar a convertirse en el dictador político más influyente, o el jerarca religioso más convocante, porque los lectores de arte, los consumidores de arte no son tontos a los cuales se les pueda “adoctrinar” o pretendidamente “educar” con alguno de los esquemas ideológicos hegemónicos que se quieren instituir como el “saber” de la humanidad, disfrazados de “novela” o arte literario. Ya pasó la época en que los que se dedicaban a escribir buscaban crear “libros sagrados”, importantes en muchas culturas pero que en otras, como en la hegemónica cultura occidental cristiana, sólo son una mercancía ideológica más.
El arte si influye en sus consumidores, no digamos que no, pero es un fenómeno dialéctico en el que el arte primeramente es influenciado por un consumidor que se mira “reflejado” en la obra de arte y que al ser “retratado” por el arte es influenciado a su vez, para luego volver a influir en el arte, en una correlación sin fin.
Finalmente, eso de que “pronto” va a acabar, depende de la longevidad del “narco”, para seguir dando temas y depende de que dejen de prohibir drogas o cualquier otra cosa, pues el pueblo siempre ha sentido simpatia por el “rebelde” y el “antihéroe”, pues lo ve como un ejemplo de libertad en contra de la opresión. En la historia del mundo la relación entre drogas y arte y específicamente drogas y literatura esta establecida desde hace siglos o ¿también son “narcocultura” y hay que prohibir los bellísimos poemas de Charles Baudelaire que escribía influído por el laúdano?, droga ya en desuso, ¿o hay que prohibir la bellísima novela de “Alicia en el País de las Maravillas”, porque su personaje consume galletas con droga y toma botellitas de jarabe - otra droga - y seguramente fue influída por hongos alucinógenos que cambiaban la percepción del escritor? Se tendría que encerrar en la cárcel a millones de indígenas de México, consumidores de hongos alucinógenos, como enteógenos o plantas sagradas, patrimonio intangible de su civilización asesinada, sólo porque un paria de derecha que ni estudió secundaria cree que eso es “malo” para la moral de la juventud y los mexicanos, como aparentan ser los denostadores de la “narconovela”.

Atte. Editorial Cibertaria





Dedicatoria de la obra:
Al misterio de la anémona que me da vida
en el mar de la existencia.
A quiénes comprendieron que un sentimiento
amable es una riqueza,
en este mundo depredador, gracias.
Al amor aunque no exista.
A la literatura aunque sea infiel.



Cierto, había existido un tiempo en que para ella vivían las muñecas, los dibujos y las figuritas; un tiempo en que si ponía un trapo, una botella, una charolita, o un sombrero al revés, sobre su cabeza y gritaba: “Pan caliente”, verdaderamente portaba una canasta atiborrada de bolillos, hojaldras, alamares, torcidos, amantecados, roscas y teleras; un tiempo en que si ella tomaba un baldecito de lata, o un pozuelito de madera de naranjo y lo acercaba a los labios de su rorro, el rorro se empinaba la leche y engordaba real y verdaderamente; pero ahora esta idea de poseer una madre como una muñeca no la podía sanar, y sólo había acudido a servirle como un sueño y la había consolado nada más mientras la había tenido separada, por este medio de la realidad. Pero la realidad volvía, volvía y con un soplo de muerte disolvía el delirante bálsamo de esta pueril quimera transitoria.”



El Miniño


¿Te acuerdas del callejón? El que siempre sueño dentro de una ciudad, suma de todas mis ciudades vividas. Adonde no encuentro lo buscada, pero ando desesperada, sin recordar ni mi nombre. Es el de acá, el de la casa de piedras. Pues ahí empezó todo. Recuerdo que cuando era niña, de pronto mi padre empezó a traerme juguetes muy raros y ninguna niña de por ahí los tenía iguales. Me enteré después de su precio enorme para los bolsillos comunes, pues mi padre desde entonces ya andaba haciendo de las suyas. Luego nos cambiamos de casa, muy cerca de la de piedras. Esta otra también era de piedra pero labrada. Hacia allá vamos. Ahí llegaba gente de todos lados y salían y entraban un montón de carros. La gente igual, aparecía, se quedaban platicando un tanto y luego se iban, unos más feos que otros, pero no importaban. Siempre hubo dinero para mis deseos, eso era lo importante. Así crecí, con la gente bendiciéndome en las calles, con los mejores juguetes y muñecas admiradas por las niñas vecinas, rodeada de sirvientes todo el tiempo, ayudándome en todo, incluso para espantar a los escuincles payasos o las escuinclas envidiosas.

Llegué a la adolescencia y me empezaron a intrigar los hombres, tuve varios novios pero me mantuve virgen hasta la juventud, fue cuando empecé a espiar a Guadalupe. Él andaba de jardinero y todos los días se bañaba encuerado en el tilichero del rincón del jardín. Una vez me hice la aparecida cuando se bañaba y le pedí refrescarme porque hacia mucho calor. Me llegó un sentimiento muy dulce y a la vez me puso muy nerviosa el verle la serpiente colgándole entre las piernas y que, al encuerarme, cobró vida y se levantó para apuntarme, como oliendo, como husmeando, como queriendo atacarme y meterse hasta mi alma. Se me acercó y perdí de vista su animal que me inquietaba, mientras se me arrepegaba como si siempre hubiéramos sido lo mismo y alguien nos separó. Sentí cómo se me abrian los bordes de mi sexo, parecidos a unas alas y muchos apetitos en el vientre. Luego algo que se me introducía ardiente por ahí, para alcanzar el deseo en mi cueva y adiviné a la víbora de Lupe, febril, abriéndose paso para llegar a devorar eso que la esperaba.

El ardor se transformó en dolor luego nuevamente en un ardor tormentoso. Me quise despegar y Guadalupe ya no me dejó. Me agarró con todas sus fuerzas, mientras temblaba de todo el cuerpo y yo me dolía del ardor en mi sexo. Me besaba hablándome cosas dulces, mientras yo empezaba a llorar de dolor y miedo, con un dulce mareo que me emborrachó desde sus besos, en eso se puso más loco y arreció, como si lo hubiera adivinado. De pronto, el dulce mareo, poseso de mí, y el ardor, se juntaron. Sentí una ternura penante y también me agarró la locura que todavía no me abandona. Una locura en el vientre, más fuerte que las ansias, una desesperación por devorárselo todo, por todos mis agujeros, arrebatándome para quitarle su hambre a la serpiente de Guadalupe. Al arrecio de su bamboleo me dieron ganas de orinar, y fue cuando empezó a morderme, entonces me enojé, por lo que decidí miarlo, mancillarlo, humillarlo con mis orines, por lastimarme así, pero en vez de salir agua sentí que se me escapaba de mi sexo un amor sin fin, como si fuera agua, rumbo a drenarse en su culebra, dura, quemante, ávida, totalmente mojada en mis jugos, bestial, con una pelambre deshonesta, hirsuta, contrastando con mi boquita entre las piernas, con mi panochita dulce a la que apenas le crecían los pelitos, pues siempre he sido lampiña.

Era un amor donde gemía con un placer total. A la primera, Guadalupe me había poseído hasta el alma. Toda la semana me la pasé visitándolo y al tercer día me entró un ardor incómodo que no me dejaba, del cual sólo estar sentada en el baño me lo calmaba un poco. Le reclamé a Guadalupe, con la acusación de haberme desgraciado al podrirme las entrañas con su culebra. Me trajo unos medicamentos y poco a poco se me fue desapareciendo, Ah, mira, ésa es la casa de piedra labrada, aunque ya le cambiaron varias cosas, además de estar más vieja, pero esa es, ésa es mi casa. Dale la señal a la avanzadilla para el despliegue y que unos veinte camaradas de la unidad guerrillera de infantería, se dirijan a la retaguardia. Todos los demás vamos a entrar abriendo fuego.

                                        Esa mota estaba chida. Nada mas sentí como me ardió la garganta y en un ratito ya tenía la boca seca y me estaba riendo de cualquier pendejada, con la gracia de las cosas que no sirven para nada, pero te mueven a una risa de una felicidad casi olvidada, hasta en ocasiones que da miedo, de tan escondida. Salimos del callejón y echamos a caminar por la cuesta de la colonia y los pies ya los sentía pesados, pesados, como si la fuerza de la caminata me enterrara hasta las pantorrillas. Cuando doblamos no se qué esquina, el olor de las garnachas se me clavó en el estómago con mucha fuerza, como cuando a los olores les crecen uñas y dientes, te muerden, te persiguen hasta hacerles caso para ponerte fino con unos sablazos de quezas. Dos de los nuevos quisieron detenerse pero alguien los jaló para evitar el bajón – tanto que nos costó el tubo de marihuana y estos majes -. Casi llegábamos a la mitad de la vela de marihuana, cuando nos detuvimos a esperar a que pasara el tren, según recuerdo, maniobrando y maniobrando, haciendo pasar las horas vertiginosamente, mientras nosotros lo mirábamos como ondulaba, tal cual si fuera un reflejo de agua y no un montón de fierros tronadores y viejos que bufaban quién sabe cuántas chingaderas. Bueno, yo lo vi ondular no sé esos güeyes... Yiii, me acuerdo del Greñas, al pararse en la virgencita ésa, que pusieron en donde estaba el basurero y poniéndose a rezar todo nervioso. Luego nos dijo que se paró, pórque le vió dos cuernos a uno de los garroteros, pero según parece era su primer toque de buena marihuana y nunca había viajado tan suave. Eso de los cuernos, en realidad había sucedido una noche de delirum tremen, de, de, de-li-ri-um tre-mens, delirium tremens, cuando andaba de briago por Veracruz. El demonio se le subió encima y le clavó los dedos en las axilas y el pecho. Todo estuvo suave hasta que bajaron esos güeyes de los punketos, todos con flex y sus monas. Y se nos dejaron ir con tizón en mano. Al Greñas le sorrajaron uno en la pata y el Orate y el Perro lo jalaron. No nos detuvimos sino hasta dejarlos atrás. Lo llevamos con la Doña sobadora para sacarle la canica de la pata. Ni anestesia le puso y creo ni alcohol, total, con todo y la mota se nos privó el Greñas. No fue sino hasta el bajón, como agarramos la onda y quisimos despertarlo, pero la Doña nos sacó a puros escobazos, para dejarlo dormir la curada. Ya luego, al cobrarnos, le dijimos que traía la lana el Greñas y si por favor no lo despertaba. Pero nel, ni aún asi, ahí lo dejó y luego ya el Orate le pagó – el del billete era él y no el Greñas -. Nos lo llevamos al chante de la Pirris y ahí lo dejamos para irnos a prepararle su remojón a los punketos reputos. Nos juntamos con los que hallamos, pero como éramos un puñito, pues ni nos acercamos. Mejor prendimos la pipa de la paz con los de las cuadras de atrás para llegarle con todo el barrio a los pinches punketos aceleraditos. Les va a ir como a los San Evangelio, que andaban con metras encueradas y venenosas por los callejones y se chingaban con canicazos a quién se les atoraba en el cogote, o se andaban cogiendo hasta la madre de Dios – hijos de su pinche madre -. Ya ves que los salvaron cuando los apaño la ley por el barrio bajo, atracando una mueblería, pues los iban a mandar al cielo, hasta estaban pagados los asesinos, y la cárcel fue su salvación por un rato, hasta que les dieron pa' sus tunas. Así les va a ir, podridos espinudos, punketos cagada de perro, desgarrados zombies del agujero, puercos chupaflanes, pinches alimañas callejeras, jodidas ratas del desagüe, malditos mamadores de alambrón. Van a chingar a su madre.

Esos muchachos estan perdidos Doña Alis, no deje que se junte su hijo con ellos.

              Estuve ayudando a mi jefe en la faena. Quieren que haya un camino donde antes había unas rocotas. Y ahí me tienes picando piedra como si estuviera en las Islas Marías. Pero estuvo chido. Pues luego se discutieron con las chelas. Nel, yo me tuve que esconder atrás de una piedrota para que mi jefe no se sacara de jonda. Mira, si dejas un hoyito entra más aire y te pones más rápido. Si, se seca igual de rápido, pero ¿para qué quieres una mona si no te pone? Así hasta se siente cómo el activo te disuelve de volada la respiración y le da al aire un sabor químico que no tenía antes... Mira, incluso sin mona. Jé, jé, jé, ya te pusiste colorado, ya te pusiste colorado. Frup, frup, frup. ¿Eh?, mira, ahí están los güeyes esos de abajo. ¡Sobre de su pinche madre! ¡Saquen los tizones! ¡Tráete tu mona, luego le pones! ¡Íralo! ¡Que luego le pones, pinche aferrado! Aver, presta. No se ponga a chillar, pendejo, que hay que partirles su madre a esos culeros. Ahí te quedas.


                                                                      Es que esos culeros rebasaron el límite. Óra es de barrio a barrio, ya no es de banda a banda. ¿Qué?, si ya es barrio desde que rebasó las cien casas, cuando todavía eran de cartón. Cartolandia los de las casitas de la loma que se incendiaron, cuando la lumbradota ésa. Cartolandia las casitas de papel de china de los japoneses. Cartolandia la Cineteca a donde vas. Ahí si que viven del cartón pegado en las paradas. Cartolandia los monitos de Disneylandia. Cartolandia, cartolandia tu pinche cuadra, triste pendejo.
Ya no es lo mismo de antes, cuando teníamos que jalar cubetas y cubetas para apagar el fuego, esperando que no se extendiera a las otras casas y corriendo como el diablo para alcanzar a poner fuera de las llamas los tanques de gas, de las casas donde había, porque la mayoría tenía estufas de petróleo, y el líquido se chorreaba fácilmente en el petróleo del chapopote. El agua nunca alcanzaba para apagar el fuego y siempre se consumía la casa hasta el carbón. Al final se sabía si fue un niño, el del accidente, o una viejita entre el carbón desparramado.
Chale, mi cabrón, era muy culero, pues cargábamos en el lomo con un aguantador, las cubetas, desde diez o quince cuadras abajo del cerro, hasta los tambos de las casas, y un lumbradón siempre se tragaba todos los tambos en un ratito, para que ni siquiera pudiéramos salvar nada ni a nadie. Ahí nacieron los apodos de dos que tres batos.
No, el Miniño no había ni nacido todavía. Pero ya el Insaciable andaba de cabrón chingando en los mercados para robarse las frutas y lo que pudiera de las bolsas de las ñoras. Luego el barrio ha ido mejorando, parecido a oleadas, primero los monos de abajo, porque no tienen que cargar el material de construcción, hasta arriba en la loma o hasta el cerro en empinada. Si volteas a ver, las casas dejan de tener aplanado y color, en los ladrillos desnudos, mientras más cercanas andan a lo verde de lo despoblado, hasta las orillas con casas de cartón.


                                                                                                      por aqui es. Como a las doce de la noche se escucha el llanto de un niño. No hay lugar para nadie, ni para un gato – ya ves que luego andan imitando el chillido de los bebés -. Te paras en este muro y se oye parecido a cuando hay un cuarto del otro lado, pero ya ves, no hay nada, es baldío desde siempre. Nadie ha construido nunca nada. El señor que siempre te recita todos los dichos mientras te platica, valora que a lo mejor alguna señora tiró a un bebito y aquí se murió, dada el almita que anda penando. Pero los padres de la iglesia consideran que un bebé no puede penar porque no ha pecado, a menos que lo hayan tirado sin bautismo ni confesión como si fuera un animal, entonces el pobre niño, purga los pecados de toda la humanidad desde Adán y Eva con una carga impresionante para él y sufre mucho, llorando todo el tiempo. Ni siquiera la reconciliación de las humanidad con Dios, durante la pasión de Jesucristo en la cruz, para que todas las almas pudieran entrar al cielo, lo salva. Es una almita y no soporta tanta carga y nos dice que por eso y para lograr el cielo, y ya no ande penando el niño, nos confesemos y ya no pequemos tanto, pues sería una piedra más para esa pobre almita. Razonan que a lo mejor, fue también un aborto de las muchachas Jiménez pues, es sabido, son muy enamoradas. Por eso se escuchan tantas cosas en los hospitales donde se hace el aborto clandestino, ahí la mayoría de las veces andan pecando con el aborto, en el momento en que a los niños les han crecido sus orejas, han escuchado la voz de sus padres y su alma ya entró en ellos con todos sus talentos. Por lo que el aborto es matar a un futuro abogado, un futuro presidente o un futuro escritor.


2a Entrega
14 de Febrero 2012
(La parte de dónde robaron a la "Reina del polvo y la yerba, Reina de los Barrios del Norte", registrada y publicada en el 2000 para convertirla en la "Reina del Sur", publicada en el 2001.)


Entraron a sangre y fuego
sin dejar vivos ni a los cotorros.
No le dejaron completo su honor
al hijo del Santo Miniño,
pues siempre cae por bala perdida,
el que por años se cuida del plomo.

Era Maíz, la guerrillera,
que volvía de la sierra
a cobrarse una deuda de sangre
contra su propia sangre.

Se coronó nuevamente
quién Comandante ya era,
reina del polvo y a la yerba,
reina de los barrios del norte.

Ya llegan los gobernantes
y los jefes de policía,
a rendirle sus gracias
al nuevo jefe de barrios.

Era Maíz, la guerrillera,
que volvía de la sierra
a cobrarse una deuda de sangre
contra su propia sangre...

Corrido de la Beata Maíz de los Niños, patrona de los guerrilleros y de la Santa Guerra Marxista, Leninista, Islámica y Cristiana de Latinoamérica. 

3a Entrega



Pues si ya hemos cogido antes bien rico, ¿cuál es el pedo?¿Qué importa si somos vecinos? Si me cogido hasta a tu hermana y no pasa nada. Bien protegidos. Tu marido no llega hasta mañana, Yo lo oí, yo lo oí. Ándale. Nel, tu sabes que no ando desesperado, es que me late hacerlo contigo. ¿Ayudarte con una lana?¿Qué?, ¿tu marido no deja?, ¿o qué? Ándale. Si lo hacemos suavecito y no hacemos ruido, no necesitamos esperar hasta la noche y que se queden dormidos los demás vecinos. Tú, no quieres pedirle frías al carnicero. Si ya hasta coges con él, pues sácale lo de la obra negra. Estas pinches láminas no tapan nada. Hasta a lo mejor el pinche tripa lombrisuda del de a la lado ya tiene sus agujeritos desde dónde te mira encuerada y hasta desde ahí te ha de oler cuando te bañas aquí adentro. Estas chichis hechas bola y tus pezones largos y grandes como mamadero de becerro, ya se las ha de saber de memoria. Si es re'caliente el güey. ¿No oíste cuando se la pasaba gritando su vieja, que lo había visto cojerse a la Dolores, su amiga de 18 años? Entonces ha de ser re'hipócrita el pendejo. Ándale, ándale. Mira es sabroso sentir la humedad calientita de tu panocha o lo cremosito de tu culo, calientito y apretado, tus olores, tus olores.


No fue madriza, fue balacera. Esos gandallas llegaron como los gansters encima de dos bochos y un pesero abriendo fuego. El Jimeno traía su tartana y que se despacha al pendejo del chofer del pesero. Se paró hasta chocar con el poste dos cuadras abajo y nos fuimos a rematarlos. Luego vinieron sus familias a poner esas tres cruces ahí, para que recordemos el lugar donde los chingamos y no podamos dormir. Por eso las desmadré y óra con un cincel las labraron en la calle y les pegaron el metal. Sólo con una barreta las podremos quitar. Pero ya son tantas que parece un tachadero en todas las calles. Dice el Animal que ya les agarró cariño y luego lo visitan y le cuentan cosas. Hasta les anda comprando veladoras el güey. A mi no. No me dejan dormir, pero ya son tantas y para quitarlas me llevaría mucho tiempo. ¿Los de la avenida? ¿De Finisterri? No , ésas son de los atropellados.
Alega que le han ayudado, pero la mayoría de las veces, cuando los ha soñado, siempre desean ser acompañados, aunque nunca falta un salvo llamativo y los deja ir. Le han hecho favores y cuando ha domesticado a un muerto este le ayuda a la hora de robar o matar. No ha habido ninguno, con el logro de sacarlo de robar y matar, pues los manda a la chingada en cuanto empiezan con consejos de que lo deje todo y se dedique a otra cosa. Los muertos siempre andan buscando convencerte de hacer lo mismo que ellos hacían en vida, repetir su vida o hacer lo que ellos te dicen. Pero si ya los tienes medidos, al rato se desvanecen solos o se van. Supone reconocer a un muerto, porque se mira como cualquier persona, pero si no alcanza a reconocerle la cara o el cuerpo de los que ha matado, los distingue porque le cuesta trabajo enfocarlos y aparecen manchas rojas flotando por donde les metió las balas o les clavó el cuchillo, como cuando miras al sol y se te queda el deslumbre cual mancha roja transparente, pero te das cuenta que no has visto al sol, sobre todo en los nublados o en la tarde y entonces sabes que estas ante un muerto. De las cosas platicadas, le ha gustado más cuando le describen su vida. Luego hasta les anda haciendo favores, para poder reclamarles ayuda posteriormente, para descubrir tesoros enterrados, siempre sin encontrarlos. Bueno, creo que solamente una vez encontró una olla de pesos de oro, que cambió por este chante mugroso a punto de caerse, al Rotey.
                              ¿No se lo pagó con lo del atraco a la tlapalería grande?
El Javier afirma, que fue con lo del carro blindado, si hasta dijo que parecía guerra y usaron a fuerzas dinamita para atorar el carro. Pero no, fue de la olla, si hasta todavía tiene por ahí un collar que se hizo con una moneda, a la que le mandó grabar el nombre de su vieja.



                                                                                          ÉSA VEZ FUE
cuando vimos la luz esa que pensamos era un ferrocarril. No, quién sabe si habrá sido lo visto. Pero el flex ya me había hecho la boca espesa y ácida y solo respiraba flex, puro flex. Exactamente igual a cuando te metes a un temazcal o a un vapor donde los pulmones respiran vapor y empiezas a sentir en los pulmones el calor y quién sabe cuántas fregaderas más. Nel, todavía no se ponía seco, si parecía un flan desecho en su bolsita. Tienes que agarrar ritmo, lento al principio y luego más rápido, más rápido según te lo pida el viaje y, de pronto, cuando el ritmo te lleva a solo respirar flex, te estalla el viaje y ya estás viendo y sintiendo algo que no es tu realidad cotidiana, pero como si lo fuera, con su onda propia. Como me clavé en la bolsa, de pronto sentí como si el aire inflara una bolsa que nos cubría y de pronto el cielo era una bolsota gigantesca de plástico transparente y afuera estuviera la noche. Si yo veía el plástico cómo se movía por el viento cubriendo todo el cielo encima de nosotros. Era la bolsa magna y el aire era el flez magno que le daba vida la noche. Pensé que era el mensaje del flex del cual tanto hablaban esos güeyes.


La primera vez sentí con el thinner como si el universo se cuadriculara, todo en unidades cartesianas cúbicas de realidad como globos cuadrados llenos de la misma realidad y hechos de la misma naturaleza fluída del agua. No hechos de agua, sino como si la fluidez del agua fuera una cualidad que pudieran compartir otros cuerpos. Estaba rodeado de los árboles del despoblado y sentí como si mis pulmones fueran más amplios y les cupiera más aire. Con el flex fue lo mismo, sólo que los cuadritos eran más chicos, como si el químico más ácido y más calante obligara a la realidad a cortarse en cuadros más chicos. Ahí entendí por qué los comerciales de la tele tienen música y las imágenes se relacionan con la música. Cuando te estalla el viaje, todo a tu alrededor es un videoclip y más si estas escuchando música. Pocos son los que pueden lograr eso en la tele, pero si lo logran te clavan. El mensaje del flex es para dejar de ponerte con la droga porque te va madreando.